El golpe de
Estado en Argentina de 1976 fue la rebelión militar que depuso a Isabel Perón
el 24 de marzo de 1976 en Argentina. En su lugar, se estableció una junta
militar, liderada por el almirante Emilio Eduardo Massera. La junta tomó el nombre oficial de Proceso de Reorganización Nacional y
permaneció en el poder hasta 1983.
Aunque la
represión política comenzó antes del golpe con
el Operativo Independencia, se extendió durante la dictadura de Videla
resultando en las desapariciones forzadas de un número de víctimas cifrado
entre 8.000 y 30.000.
El
Departamento de Estado de los Estados Unidos sabía de los preparativos del
golpe dos meses antes de que ocurriera.
Dos días
tras el golpe, el Secretario para América Latina, William D. Rogers, declaró
«Esta junta está probando la afirmación de que Argentina no es gobernable [...]
Creo que eso es claramente una opción probable. [...] Creo que debemos esperar
bastante represión, probablemente una buena ración de sangre, en Argentina
antes de que pase mucho tiempo. Creo que van a tener que buscar duro, no sólo a
los terroristas sino a los disidentes de los sindicatos y sus propios
partidos». El secretario de Estado Henry Kissinger estableció que «cualquier
oportunidad que tengan, necesitarán un poco de apoyo. [...] Porque quiero
apoyarlos. No quiero darles la sensación de que son acosados por los Estados
Unidos».
En junio de
1976, cuando las violaciones de los derechos humanos por la junta fueron
criticados en los Estados Unidos, Kissinger reiteró su apoyo a la junta,
dirigiéndose directamente al Ministro de Asuntos Exteriores Argentino Cesar
Augusto Guzzetti en una reunión en Santiago de Chile.
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