El 28 de junio de 1966, varios oficiales armados
entraron en la Casa Rosada ,
rodearon al presidente radical Arturo Illia y lo desalojaron a la fuerza. Los
apoyos a este golpe vinieron desde la derecha y desde la izquierda. Este era el
comienzo de la dictadura del General Juan Carlos Onganía. Una dictadura que
nuevamente se llamaba a sí misma “revolución”. La Revolución Argentina.
Este golpe pretendía transformar todo el sistema político, cambiar el sistema
republicano y convertirlo en un sistema corporativo. Para completar la
transformación total de la sociedad argentina, Onganía inaugura un período de
represión a las distintas expresiones del poder civil: los partidos políticos,
los sindicatos, la universidad, todos eran blancos de la persecución.
Curiosamente, esta dictadura no sólo persiguió a
sectores políticos, intelectuales u obreros. La represión afectó también al arte,
a la moda, a la literatura, a la vida cotidiana.
Onganía se sentía el guardián moral de la Nación. Para lograr la
“limpieza moral”, intervino importantes centros de cultura, como el Instituto
Di Tella, un lugar donde se reunía la vanguardia artística y científica
argentina. Hasta hacía cortar el pelo a los jóvenes en la calle.
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